‘Honey’, Robyn

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Robyn Honey
‘Honey’, el nuevo disco de Robyn, ya está disponible en todas las plataformas digitales. Es su primer disco en solitario en ocho años y su fan base ha estado esperándolo como si fuera una aparición mariana. Este verano adelantó ‘Missing U’ y hubo unanimidad: Robyn no ha innovado absolutamente nada en cuanto a sonido pero ha facturado una canción que hace que se nos caigan las bragas al suelo. Todo bien, ningún problema. Casi que un movimiento así en los tiempos que corren resulta revolucionario: una artista fiel a su sonido, impermeable a las modas y estilos que copan las listas de éxitos mundiales.

Con el segundo adelanto, ‘Honey’, la digestión de lo nuevo de Robyn siguió viento en popa a toda vela. La versión final de la canción que se escuchó por primera vez en ‘Girls’ dejaba entrever que Robyn había estado trabajado concienzudamente en el sonido del disco con su productor de cabecera Klas Ahlund y también con Joseph Mount de Metronomy.

Los dos adelantos me dejaron con la mezcla de ganas y expectativas perfecta para escuchar el disco completo a los pocos minutos de su publicación en Spotify. Comienza ‘Missing U’ y todo fenomenal pero llega ‘Human Being’ después y me quedo completamente descolocado. Es la primera canción de ‘Honey’ en la que solo mete mano Joseph Mount de Metronomy en la producción y se echa de menos por todas partes a Klas Ahlund. En términos líricos es una especie de poema pesimista acerca del ser humano (así bien en general). Robyn repite como un mantra que es un ser humano pero que no tiene nada que hacer, ni a dónde ir: “a dying race”, concluye la sueca. A ella siempre le ha tirado mucho el pesimismo envuelto de melancolía y cierta esperanza que transmite a través de las siempre presentes ganas de bailar en sus canciones.

Musicalmente, ‘Humang Being’, deja mucho que desear. La música minimalista tiene su público, la sencillez es algo fácil de premiar en según qué términos, pero esta canción suena demasiado destartalada. En algunas parte suena hasta hueca (es de suponer que lo hacen intencionalmente), en otras suena a esqueleto midi de una demo muy primigenia, la voz de Robyn como en una pista 100 kilómetros por encima de la música… Solo hacia al final la canción va consiguiendo esa atmósfera desoladora con un toque de calidez humana.

Le sigue ‘Because It’s In The Music’, en la que vuelve a aparecer Klas Ahlund junto a Joseph Mount. Es una canción de medio tiempo con aires ‘disco’ que solo al final rompe la monotonía sonora de manera abrupta y un poco desconcertante. Hay una línea de bajo machacona que lleva el hilo conductor del tema y se complementa con muy poquitas cosas, un par de sintetizadores y efectos de fantasía. La letra habla de la típica canción favorita de una pareja que no sabemos si sigue junta, si se ha separado o si uno de los dos miembros ha muerto. Robyn hace una especie de ejercicio de masoquismo: le duele escucharla pero sigue bailándola y sigue poniéndosela preguntándose si la otra parte de la pareja se siente igual.

Tras este destello ‘disco’ llega ‘Baby Forgive Me’ y aquí ya me ha quedado claro que para Robyn sacar un disco de música de baile no era una prioridad cuando grababa ‘Honey’. La canción es otro medio tiempo (bueno, un poquito más acelerada que un medio tiempo convencional) pero con una parsimonia que no invita en absoluto al baile. Es más bien una canción para pedir perdón, tal y como explica el título. Como de crear esa atmósfera previa a la típica reconciliación, con todo lo que conlleva. En este tema aparece un tercer productor, Mr. Tophat, con el que Robyn ya trabajó en 2016 con ‘Trust Me’.

‘Send To Robin Immediately’ es la siguiente canción del disco y está conectada con la anterior. De hecho parece una continuación si no fuera por lo que Robyn contaba el otro día en Radio 1, donde explica cómo surgió la canción: “La canción se basa en una canción que me enseñó Adam Bainbridge de Kindness. Le dije que me encantaba y que me la mandara inmediatamente. Siempre quise ‘samplear’ la canción ‘French Kiss’ de Lil Louis y me encantó cómo Kindness la incoporaron a la canción”. El ‘sample’ de ‘French Kiss’ está tan modificado que su presencia es muy sutil, nada que ver con el ‘monster hit’ rompe pistas que fue la original.

‘Honey’ levanta el vuelo tras ‘Send To Robin Immediately’ con su canción homónima y sigue con ‘Between The Lines’, producida en solitario por Klas Ahlund que comienza como un ejercicio de minimalismo similar al de otras canciones del album y muta en una canción de ‘house’ que en algunos momentos no sabes si es ‘house’ o el órgano de una iglesia con un ritmo descompensado. Hacia el final se pone suavemente machacona, coqueteando con el ‘hard house’, pero se acaba en seguida y comienza ‘Beach2k20’. La penúltima canción del disco es una mezcla entre ‘Copacabana’ y ‘Supermodel (You Better Work)’ de RuPaul, pero no explota ni hacia un lado ni hacia el otro. Da la impresión de que la presentación en directo de ‘Missing U’ en Ibiza no fue casual, parece que Robyn está bastante atrapada en la música ‘chill out’ de chiringuito ibicenco. Y eso no se le puede criticar, la muchacha está en ese momento de la vida y no pasa nada. Prefiere la tumbona y el mojito a la discoteca y la pastilla.

El disco cierra con ‘Ever Again’, colaboración mano a mano con Joseph Mount, que comienza con bajo al estilo ‘Last Friday Night (T.G.I.F.)’ de Katy Perry y que tiene pinta de tener un significado especial por lo que cuenta la letra y por la posición en el ‘tracklist’. En la canción Robyn habla de que nunca va a dejar que le rompan el corazón de nuevo (ya guapa, como si eso lo pudiera controlar alguien) y le pregunta a su ‘baby’ que por qué no dejan de discutir y hacen otra cosa. ¿O se lo está preguntando a ella misma tras darse cuenta de que el disco que le ha salido es un disco de ruptura y duelo? Porque eso es lo que ha publicado Robyn con ‘Honey’. Y quizás no se entiende hasta el ‘statement’ final que hace con ‘Ever Again’. Quizás las ganas de un disco de Robyn de música para bailar ha generado unas expectativas imposibles de contentar con ‘Honey’.

Lo mejor: Los pequeños momentos en los que se inclina hacia el ‘house’, como en ‘Between The Lines’ y que Robyn mantiene intacta su capacidad para mezclar pesimismo y optimismo y pasarlo por la trituradora de la melancolía.
Lo peor: La producción minimalista de Joseph Mount a veces se convierte en simplista.

6.5/10

Last modified: octubre 29, 2018